martes, 29 de septiembre de 2015

Sí, sangramos.

Hoy tengo la regla. Y justo hoy, que la verdad, no es un día precisamente maravilloso, me han venido a la mente cosas de las que me cansé hace tiempo.

Para instagram, estas manchas inofensivas pueden
ser perjudiciales para, no sé, ¿la salud mental de un tío?
Porque no me lo explico. Foto de: Rupi Kaur

A nosotras, las que en la adolescencia o antes comenzamos a desarrollarnos, a las que nos crecen los pechos -a unas más que a otras-, nos crece el vello -ese que tanto odiáis-, nos crecen las caderas -para que luego la sociedad no se ponga de acuerdo entre si quererlas o no-, nos cambia la voz, etc; sí, nos baja la regla. Ese fenómeno extraño que no le ocurre a casi nadie, ya que nadie parece tenerla nunca a no ser que un chico decida que tu mal humor se debe a ella, esa que debemos mantener en secreto cuando salimos de clase con un tampón en la mano, cuando pedimos al profesor ir al baño porque "es urgente", esa que "no es para tanto".

Sí, ¡sangramos!

Seguramente no lo sepáis porque parece ser que ninguna de nuestras protagonistas favoritas, nuestras heroínas, esas revolucionarias que salvan al mundo del mal, nunca tienen esos dolores de los que siempre nos estamos quejando. Nuestras chicas favoritas de nuestros libros favoritos no saben ni lo que es tener que cambiarse un tampón porque llevas muchas horas con el mismo. Ellas disfrutan de una vida sin ese tipo de problemas, pero aún así, luego podemos asistir a sus partos, ¡menos mal! Esas mismas chicas también nos rodean. Ya sabéis, las que se levantan en medio de la clase y cruzan la puerta en silencio con la mano oculta en el bolsillo de la chaqueta. ¿Qué llevará? ¿Por qué tanta urgencia?

-Profesor, ¿puedo ir al baño?
-No. ¿Es urgente?
-Sí.
-¿No te puedes esperar?
-Me está saliendo sangre del coño.

Que sí, que te aseguro que sangramos. Y no es algo que hagamos con mucho gusto. Creo que ya va quedándote claro esto de que la regla existe y la sufrimos la mayoría, ¿no? De que nos dan calambres que duran horas y horas, nos duelen los riñones, la cabeza, la espalda, la barriga, nos sentimos mal, cansadas, con vómitos, diarrea... y todo porque la musculatura uterina se contrae y, ¡pum! Qué flojas, ¿eh? Lo de sangrar durante entre 3 y 7 días -a veces incluso más- cada mes desde los 11-14 años hasta los 50-55 es algo que todos podemos sobrellevar sin quejarnos. Total, al final, tener la menstruación para muchos se resume en estar de malhumor. No es que llevemos un día o dos o tres o cuatro que nos dan pinchazos al andar, que tenemos angustia, que no podemos con la espalda o que estamos ya cansadas de tanto cachondeo con estos temas. 

A veces cuando estoy en los famosos días del mes recuerdo mis años en el instituto en los que cada vez que me levantaba de la silla me venía ese temor de "¿Y si estoy manchada?". Creo que todas hemos dicho o escuchado alguna vez la frase de "Dime si estoy manchada" mientras le enseñamos el culo a nuestra compañera de mesa antes de salir al recreo o en un cambio de clase. Lo de estar tan tranquila caminando y notar que te está bajando y pensar "¿Por qué me pasa a mí?". Y también creo que la mayoría hemos ido al baño escondiendo nuestras compresas o tampones como si hubiésemos robado algo y tuviésemos que ocultarlo de cualquier forma. Me daba vergüenza manchar mi ropa y me daba vergüenza que la gente de mi alrededor supiese que estaba yendo al baño para cambiarme el tampón porque sí, ¡sangramos! Y es ahora, años después, cuando por fin me apetece decirlo en voz alta y clara. Es ahora cuando cojo mi compresa y la llevo en la mano sin cuidado. ¿A quién coño le importa si voy a una cosa u otra al baño? Es ahora cuando no me avergüenza mostrar que mis sábanas tienen una manchita roja de alguna mañana que no me enteré de que ya tocaba. Porque, aunque os parezca mentira, sangramos y no lo controlamos. Podría escribir sobre lo mucho que me molesta y me frustra que mis bragas favoritas se manchen de regla y de lo difícil que es quitar la puñetera sangre de la tela, lo que me jode que mis sábanas recién limpias y blancas se conviertan en la bandera de japón o que pocos pantalones de pijama se salvan de tener la famosa mancha. Pero es que la vida es así, nuestra regla no siempre es regular, a veces viene dos veces al mes incluso, como plus por si habías tenido poco. Ella viene cuando le da la gana y normalmente te avisa con pinchazos y dolores muy poco agradables, pero otras se calla y te hace amanecer de la peor manera. Y es ahí cuando empezamos a quejarnos y solo deseamos no tener la regla nunca más.



Nosotras, las exageradas, las del mal humor, las sensibles y lloronas, sangramos y lo hacemos sin vergüenza. La próxima vez que te guardes una compresa en el bolsillo de la chaqueta para ir al baño, piensa si harías lo mismo si en vez de una compresa llevases un paquete de pañuelos. ¿Quién se avergüenza de algo tan natural como ir al baño a mear? 

Sangrar también lo es.



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